viernes, 21 de marzo de 2014



¿Quién soy, quienes somos? Hemos visto que tanto la edad como ciertas enfermedades destruyen el cuantioso caudal de información que guardamos en nuestro cerebro, mismo que hemos atesorado durante nuestra vida y que de pronto desaparece. El cerebro sufre un aletargamiento que le impide ponerse al día con sus funciones normales y manda al basurero todo lo que tiene, desarticulando así, el orden que tanto trabajo y tiempo nos tomó reunir. Para ejercitar al cerebro todo lo tenemos que hacer es ordenarle que trabaje. 

Trabajar es PENSAR y pensar es equivalente a evocar y organizar todo lo que deseamos expresar u hacer en un lapso de tiempo indeterminado. El ejercicio que he seleccionado es un verdadero rompecabezas y que, sin embargo, es parte de nuestras vidas y que influye aun en la muerte y después de ella. Estoy armando lo necesario para anunciarles que lo que estoy tramando, es hacer un “Árbol Genealógico”, un compendio actualizado de nuestra vida, ni más ni menos, así que comencemos. 

La construcción de un árbol genealógico constituye el análisis genético más fácil y barato que exista, solamente con esta herramienta pueden verificarse o comprobarse, o desecharse algunas de las hipótesis posibles respecto a la enfermedad del paciente en estudio, evitando así un gasto considerable de dinero en la realización de pruebas diagnósticas más costosas. Otro aspecto importante que debemos tener siempre presentes es el dinamismo de los árboles genealógicos, debido a los nuevos eventos que puedan producirse en la historia familiar de los individuos estudiados (léanse nuevos nacimientos o defunciones) que obligarán a actualizar y en la medida de lo posible, constatar los hechos relevantes relativos a fenotipos de enfermedad, con informes clínicos. La mejor recomendación posible, a estas alturas, es que todos los participantes, intenten escribir su propio árbol genealógico y que lo comparen con los demás. 

Este ejercicio, aparte de ser divertido y práctico les permitirá conocer a fondo la historia de la familia. Ahora viene lo bueno: ¿Cómo comenzar y que puesto tengo que ocupar en el ejercicio? Al ser la persona que inicia este ejercicio me corresponde ser el personaje principal, no podría ser de otra manera, así que: comienzo conmigo. Nota: el árbol en cuestión tiene dos direcciones: arriba, yo y mis ascendientes y abajo, yo y mis descendientes.

Augusto Sosa Céspedes

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