“… porque veo al final de mi largo camino qué yo fui el arquitecto de mi propio destino, que si extraje las hieles o la miel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas. Cuando planté rosales, coseché siempre rosas”
Amado Nervo
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, presenta a los dos conceptos, ancianidad y vejez, como sinónimos, pero ofrece ejemplos sutiles que llevan a la reflexión.
La palabra anciano deriva de “ante”, y ya se utilizaba a mediados del siglo trece, otros sinónimos que aparecen son “patriarca” y “abuelo” los cuales transmiten en sí mismos una sensación de ancianidad sabia y respetable. Por su parte la palabra “viejo” y también evolucionó con el tiempo.
Vejez:
Golpea con fuerza la conciencia de la madurez de quien la observa
La decrepitud, el deterioro de la forma y la desconexión con la realidad circundante se presentan ante nosotros como una pésima caricatura de lo que fue.
El automatismo semiconsciente, el mal humor y un monótono parloteo estimulan la necesidad de ignorar la presencia “del viejo”
La debilidad del que grita y golpea se hace realidad ante nosotros
El viejo vive sumido en el egoísmo y la desconfianza
“Tiene muchos miedos, le teme a la muerte”
No existe la propia responsabilidad, la culpa siempre es ajena
Celebra su cumpleaños, o sea, la cantidad de años vividos, y no sabe porque
Vegeta, vive biológicamente
Su destino es una institución geriátrica, a la que le teme
La esclerosis de los órganos de los sentidos lo aísla cada vez más del mundo
Vive preso del cuerpo y de la vida
Es, su muerte.
Augusto Sosa Céspedes
Augusto Sosa Céspedes


No hay comentarios:
Publicar un comentario